Domingo de cuarentena en el Hospital 12 de Octubre

Viaje en el metro de Madrid durante la cuarenena por CoViD 19

Crónica con CoViD 19 - 23 de marzo de 2020
Ayer fui al hospital... chan, chan, chaaaaaaan (música de suspense). Quería conocer de primera mano la opinión de expertos sobre el comunicado que ha emitido el Instituto Nacional de Biotecnología de EEUU ( https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/32133832 ), en el que advierten que más de un 50% de los diagnosticados con CoViD19 podrían ser falsos positivos, porque, de ser cierto, yo prefiero que me diagnostiquen con una moneda a cara o cruz.

De camino al Hospital 12 de Octubre, me paró un coche de la policía con un enérgico alto, para reprocharme que qué hacía yo haciendo fotitos por la calle en pleno apocalipsis. En ese momento documentaba un parque infantil precintado, y le señalé al agente la anormalidad de la escena. Me amenazó con una multa surrealista, no sé si habló de hasta 300.000€, además de cárcel. Me identifiqué con mi carnet de prensa para justificar que estaba trabajando, pero me exigió una autorización de Palacio, ya que el confinamiento era una orden por Real Decreto, y no le parecía justificable que un fotografucho estuviera documentando un estado de sitio por alarma de agente biológico. Me mandó a casa, pero se negaron a acercarme en el coche patrulla. Así que, seguí mi camino con más cuidado tratando de esquivar los coches de la policía por mi propia seguridad.

Parque infantil precintado durante el estado de alarma en Madrid

Al llegar al hospital, me llamó la atención lo vacío que estaba el aparcamiento. Y todo el hospital parecía desierto. Sólo vi pacientes en la sala de urgencias, que esperaban por su diagnóstico, el resto del edificio parecía desierto. Algo extraordinario un domingo a las 18h.

Parking del Hospital 12 de Octubre el 9º día de cuarentena por CoViD 19

Se veían muchas mascarillas y guantes usados tirados por el suelo, focos de infección a la deriva alrededor de un hospital en máxima alarma, con algunas papeleras rebosando mascarillas.

Visité todas las oficinas de información del 12 de Octubre, para ver si me ponían en contacto con un especialista o responsable de gestionar los diagnósticos por coronavirus, pero no fue posible porque estaban sobrepasados de trabajo, lógicamente. Se ha vaciado todo el hospital de enfermos ordinarios y sólo hay habitaciones para pacientes de coronavirus, que permanecen completamente aislados.

Mascarillas cubre-bocas usadas arrastradas por el viento en el aparcamiento del hospital
Mascarilla cubre-bocas usada al amparo del viento
Mascarilla cubre-bocas usada al amparo del viento
Mascarilla cubre-bocas usada en el suelo del hospital
Papelera del hospital rebosa mascarillas cubre-bocas

En una de las ventanillas me contaron algo que me congeló la sangre: hay pacientes tan aislados que ni los familiares pueden entrar a aliviar el último suspiro de los moribundos. Esta circunstancia se dio con los primeros pacientes VIH+, lo que hoy se considera una barbaridad inhumana producto del ambiente de histeria social que se vivió entonces por el terror al SIDA.

Me acerqué al Edificio de Maternidad, también parecía desierto, apenas se veía gente por los pasillos. Allí han derivado a los niños con coronavirus+. Iba adonar un montón de aviones de papel que les he preparado estos días pensando en lo aburridos que tienen que estar tan aislados, pero no admiten aportaciones de voluntarios por seguridad. Regalé algunos avioncitos a un par de padres que tienen a sus hijos ingresados, y se pusieron muy contentos. Una pequeña alegría que pude aportar.

Entrada principal al Hospital 12 de Octubre
Interior de la entrada al Hospital 12 de Octubre
Interiores del Hospital 12 de Octubre
Padre de niño ingresado en el Hospital 12 de Octubre

Entrevisté a los taxistas de la parada del hospital, que hablaban entre ellos a un metro de distancia, y fui testigo de cómo un compañero desinfectaba su taxi tras dejar a un pasajero. Los taxistas y chóferes VTC son de los profesionales más expuestos a un virus que se transmite por el aire. Durante el trayecto, van encerrados con el cliente, casi todo gente enferma por covid19, con la calefacción encendida, ya que, dicen, el calor atenúa la acción del coronavirus. Les pregunté si había muchos compañeros enfermos, pero no les tienen informados.

Para mi regreso preferí coger el metro, por evitar otro encuentro con la policía, que también lucía bastante vacío para un domingo a media tarde. Los usuarios estaban repartidos por los vagones, separados unos de otros, algunos con mascarillas y guantes, otros sin protección.

Cuando llegué al estudio encendí un suculento porro de marihuana autocultivada que esperaba su beso postrado en el cenicero. Tras una intensa calada, empecé a toser desconsoladamente durante, al menos, un par de segundos. Es lo que siempre me pasa, pero, en esta ocasión, podría ser cause del coronavirus...

Metro de Madrid en domingo por la tarde, desierto por la alarma del coronavirus
Viajera del metro con mascarilla cubre-bocas
Viajeros del metro separados por precaución durante el estado de alarma por CoViD 19